Quienes conozcan un poco la historia de los Teatinos y su ministerio sacerdotal en España, habrán de mantener muy vivo el recuerdo y el cariño hacia ese Teatino ilustre que fue el P. Plácido Mirto. Porque él, predicador del rey Felipe IV, sería el fundador de las Casas Teatinas de Madrid, Alcalá, Barcelona, Palma de Mallorca y Zaragoza.

Llegó por primera vez a Zaragoza para predicar la iglesia del Hospital Real y General en el año 1630. Tanto entusiasmó a los Regidores del Hospital que pronto escribieron al Padre General alabando al religioso y pidiéndole que fundara una Casa Teatina en la Ciudad del Ebro.

Un año después ya escribe el P. Mirto al General de La Orden, diciéndole que la fundación de Zaragoza está preparada y que en la Casa hay capacidad para doce Padres.

Otro año después -en 1632- dos religiosos de esta Comunidad van a la fundación de Barcelona. Las cosas marchan a buen ritmo. Los religiosos han aumentado. Son 17. Y su predicación es tan viva y convincente que se hace popular por toda la ciudad el dicho: “Eso no me lo creo yo ni aunque me lo predique un Teatino”.

Tan contento está el pueblo con los religiosos, con la labor que están llevando a cabo, que en 1681, la Diputación de Aragón decide construir un templo y entregárselo; un templo dedicado a la Patrona de Aragón, a Santa Isabel, reina de Portugal. Los Teatinos, agradecidos también, se volcaron siempre en favor del pueblo aragonés. Y el 2 de agosto de 1808 pusieron a disposición de la Real Tesorería cuarenta mil reales que tenían para la reparación de la iglesia y de la Casa. Les pareció que la invasión francesa hacía necesaria esa entrega y no dudaron en llevarla a la práctica.

Así se unieron los lazos de amistad entre los Teatinos y la inmortal ciudad de Zaragoza, unos lazos que perduran muy vivos aún a pesar de que en la exclaustración -1835- hubieran de abandonar la ciudad.

Ahora, después de 129 años de ausencia, han vuelto los Teatinos a la antigua y tan querida iglesia de Santa Isabel y San Cayetano. El culto se hace vivo como cuando aquellos primeros religiosos Teatinos lo iniciaron. En la mañana del 5 de julio de 1964 vuelve a anudarse en Zaragoza ese hilo roto, el contacto entre la ciudad y los Teatinos.

Los zaragozanos esperaban a los Teatinos con ansiedad. Su fama de hombres íntegros, sencillos, confinados en la Providencia permanecía en el recuerdo de los devotos de San Cayetano. Por eso se señaló la fiesta de Santa Isabel para la toma de posesión por parte de los Teatinos de la antigua teatina iglesia.

Y, a partir de esa fecha, la Comunidad se instala en un piso situado en la calle de Santa Isabel, muy cerca de la iglesia, para continuar la obra que comenzaron sus Hermanos, allá por la primera mitad del siglo XVII.